Ciudad de México.- El año 2025 ha marcado un antes y un después en el mundo del entretenimiento, la ciencia y la espiritualidad, debido a la pérdida de personalidades que han sido referentes durante décadas. Este ciclo será recordado como el periodo en el que se apagaron voces que parecían eternas, dejando un legado que abarca desde los escenarios del heavy metal hasta los recintos más sagrados de la fe católica. Este recuento de ausencias representa un punto de inflexión en la historia contemporánea, obligando a la humanidad a despedir a figuras que no solo fueron famosas, sino auténticos símbolos de resistencia, intelecto y cambio social.
Pérdidas en el mundo de la música
En el ámbito musical, la partida de Ozzy Osbourne, conocido como el “Príncipe de las Tinieblas”, simboliza el cierre de una era para el rock y el metal. Tras años de luchar contra diversas complicaciones de salud, el líder de Black Sabbath se despidió de sus seguidores, dejando un vasto legado sonoro que definió géneros enteros y una personalidad que desafió las convenciones de la industria musical.
Impacto en la espiritualidad y la ciencia
El mundo espiritual también se encuentra en luto tras el fallecimiento del Papa Francisco, cuyo liderazgo buscó modernizar la Iglesia y acercarla a los problemas sociales más urgentes. Su huella en la historia de la fe y la diplomacia internacional es imborrable. Por otro lado, en el ámbito científico y del activismo, la muerte de Jane Goodall ha dejado un vacío en la lucha por la conservación ambiental. Su vida estuvo dedicada a proteger la naturaleza e inspirar a millones a combatir el cambio climático.
Legados que perduran
La industria del cine también ha perdido a grandes talentos, desde la sofisticación y el inigualable talento de Diane Keaton, hasta la prometedora carrera de Michelle Trachtenberg, quien dejó una marca en la cultura pop televisiva. Cada una de estas muertes representa la caída de un muro que sostenía la memoria colectiva del siglo XX y principios del XXI. Al cerrar este 2025, la humanidad se enfrenta al reto de preservar el conocimiento de Goodall, la rebeldía de Osbourne, la elegancia de Keaton y la visión humanista de Francisco, asegurando que sus legados continúen siendo una fuente de inspiración para las futuras generaciones de pensadores y artistas.